¿Sabes quiénes son las patronas? Ellas arriesgan su vida por el prójimo

Son 14 señoras que desde hace casi 20 años se dedican a dar alimentos a inmigrantes que viajan en los trenes de carga; este no se para y todos se juegan la vida para cachar los paquetes de comida

PUB.: SEP 17, 2012 | 16:41, México,
POR: Redacción
AGENCIA: EL UNIVERSAL
¿Sabes quiénes son las patronas? Ellas arriesgan su vida por el prójimo

Son 14 señoras que desde hace casi 20 años se dedican a dar alimentos a inmigrantes que viajan en los trenes de carga; este no se para y todos se juegan la vida para cachar los paquetes de comida

Próxima estación: Esperanza. Es justo ese momento el que esperan muchos de los migrantes que viajan de Centro y Sudamérica en busca del sueño americano. Para lograrlo, México es el reto más grande a superar, el último lugar antes de llegar a su destino.

Desafortunadamente, durante su travesía se encuentran con obstáculos que muchas veces parecen imposibles de superar: robos, violencia, extorsiones, hambre, pobreza. La pregunta siempre es: ¿Llegaran a su destino?

Para ayudarlos a lograrlo, o por lo menos para hacerles el camino un poco más esperanzador, un grupo de mujeres se reúne para darles de comer mientras ellos viajan encima del tren. Son conocidas como "Las Patronas", porque viven en La Patrona, en el municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz.

Desde hace 17 años, ellas se dedican a preparar comida para los 400 mil migrantes que ingresan cada año a México a través de la frontera sur, explica la BBC. Todo inició cuando un par de mujeres de la mencionada comunidad veracruzana iban a comprar un poco de pan y leche para desayunar, cuando pasó el tren con migrantes y alguien les gritó: "¡Madre, dame tu pan!", "¡Madre tengo hambre!" Ellas inmediatamente reaccionaron y les dieron sus alimentos y a cambio obtuvieron un "Gracias Madre, ¡Que Dios las bendiga!", cuenta proteccionmigrantes.org.

Desde ese momento comprendieron la necesidad de los migrantes, que en su mayoría son centroamericanos, y como familia decidieron iniciar una labor humanitaria que a la fecha les ha dado el reconocimiento de muchos; especialmente el de los viajeros que gracias a ellas pueden comer y seguir con la esperanza de lograr sus sueños.

Trenes de carga que recorren alrededor de 3 mil kilómetros hasta Estados Unidos, donde, algunas veces se logran subir hasta 600 migrantes, pasan continuamente por La Patrona, que está a 30 minutos de Córdoba, donde este grupo de mujeres realiza la labor humanitaria de preparar comida y llenar botes con agua para dárselos cuando el tren pasa por ahí. "La Bestia" no para y ellas tienen que alzar las manos para que ellos logren cachar alguna de las bolsas que contienen diferentes alimentos como arroz, frijoles, verduras, pan, tortillas, refresco, jugo, agua... depende lo que tengan en sus posibilidades para dar; puesto que son un grupo que se organizó por simple humanidad, así que entre ellas mismas ponen, no sólo de su tiempo para cocinar y empacar la comida, sino también de su propio dinero para comprarlo.

Afortunadamente, con el paso de los años, otras personas del pueblo y quienes conocen su historia y se ven conmovidos, aportan con donaciones de todo tipo; por ejemplo, hay quienes les prestan una camioneta para ir al mercado a recibir comida que los vendedores regalan, mientras que otras mujeres se dedican a recolectar botellas de plástico que encuentran en el camino para reciclarlas y llenarlas de agua potable, y hay quienes les dan dinero para continuar comprando todo lo que necesitan, desde leña para cocinar, hasta agua para lavar y bolsas para empacar.

Ellas conocen las historias de muchos de los que pasan parte de su vida en el tren y muchos más días sin probar alimento o agua, pues explican que hay maquineros de todo tipo, desde quienes aceleran cuando las ven, aquellos que empiezan a hacerse notar antes de pasar y bajan la velocidad para que ellas puedan entregar la comida, quienes les hacen señas de que van "maras salvatruchas" y hasta quienes se paran para que puedan comer.

Es en ese momento cuando han podido platicar, dar palabras de aliento a quienes lo necesitan, llorar a quienes han muerto y motivar a quienes quieren salir adelante, o sea, a todos. Mientras ellos son quienes les enseñan el hambre que viven en sus lugares de origen, lo que pasan durante el camino y lo que buscan: una vida de calidad.

Ahora son más de 10 mujeres las que continúan con esta labor humanitaria que únicamente nació de su bondad, pues saben que los trenes no tienen hora para cruzar, pero que ellas siempre necesitan estar preparadas para seguir escuchando ese "Gracias Madre, ¡que Dios las bendiga!", como lo hicieron hace casi 20 años.



HT

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