
El perredismo en general pero en particular el tabasqueño es contestatario de origen, rebelde, poco civilizado en sus formas para procesar sus inconformidades pero toda esta actitud se le había conocido hacia el gobierno en turno o en relación al sistema pero nunca hacia sí mismo, porque hoy la crisis es interna y su adversario es su propio abanderado en Centro.
Resulta que a Humberto de los Santos Bertuy al parecer le comieron la lengua los ratones y cuando se reúne con la dirigencia interina o los miembros de la Comisión de candidaturas es incapaz de articular palabra; quien se comunica por él es su chaperón, Agustín Silva, operador designado por el candidato al gobierno, Arturo Núñez, quien negocia en su nombre.
Y en estos momentos que está en su momento más crítico el jaloneo por las regidurías y a escasos diez días del inicio de las campañas locales, no hay para cuando resolver dado que “por razones de gobernabilidad”, Silva insiste ante los grupos que o le conceden los espacios referidos o perderán la alianza con Evaristo que podría costarles la gubernatura.
Los perredistas de cúpula que tienen en sus manos esta papa caliente se siente poco más que ofendidos porque Bertruy se niega a compartir con ellos, hacer equipo pero lo que resulta más sospechoso, demanda espacios pluris que solo de perder obtendría lo que ha generado muchas suspicacias al interior de este partido.
A estas alturas y so pretexto del citado asunto nuñistas, sol aztecas y la gente de Evaristo se ha dicho de todo e incluso existe la posibilidad de que tengan que buscar la mediación del CEN para que sea este de manera justa y equilibrada quien resuelva. Pero al margen de quien tenga la razón o se salga con la suya, las huestes de López Obrador ya empezaron mal un proceso que se empeñan en propagar que casi lo tienen en la bolsa.
Por otra parte el Partido del Trabajo con el que a nivel nacional el PRD tiene conformada una coalición, aquí en la entidad amaga con salirse si no le dan más espacios, esto es, ante el río revuelto que miran ellos también quieren sacar raja y repetir el fenómeno de hace tres años en que tuvieron como candidatos a los perredistas disidentes.
El botín es muy atractivo si consideramos que son diez los municipios en los que aspirantes se quedaron con la carabina al hombro acusando fraude a través de las encuestas internas que solo sirvieron, dicen, para imponer a los clientes de Juan Manuel Focil y dividir más al partido.
Este es el panorama que tiene delante suyo un Arturo Núñez que sigue fresco como una lechuga aunque las aguas sol aztecas están tan turbias y sin visos de mejoría. Cierto es también que si sigue depositando su confianza en gente como Agustín Silva, neófito en el oficio, nada bueno podrá esperar porque son muchos quienes no lo validan como interlocutor.
asl
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